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Meditación Enraízante para la Mujer


Meditación enraizante para la mujer

Vamos a sentarnos en una posición cómoda, relajada, en donde el cuerpo no moleste, en donde no sientas molestia alguna. Podrás optar por tomar la posición que te acomode, sólo sintiendo bienestar y confort.

Comenzamos por respirar suavemente, cada una a su propio ritmo, prestando sólo atención, en lo posible, a la respiración. Si aparecen pensamientos, sólo los dejaremos pasar. Una vez que esta respiración se torne tranquila y pausada, vamos lentamente a inhalar mucha luz, mucha paz y a exhalar toda la tensión que pudiéramos tener todavía en algún lugar del cuerpo; identificamos si tenemos alguna molestia todavía y al exhalar, la eliminamos, visualizando como se diluye en nuestra respiración.

Ahora, que el cuerpo está sereno, receptivo, vamos a poner la atención sólo en la respiración profunda; nos vamos a centrar en ella, como si fuera una esfera energética que está alojada en el centro del corazón. Esta esfera crece, a medida que nosotras respiramos, y se expande hacia todo el pecho y el plexo, con cada respiración. Esta esfera brillante, se va convirtiendo lentamente y a medidas que seguimos concentradas en ella, en una poderosa luz dorada, que duerme en el centro del corazón, irradiando y expandiendo su luz por cada molécula del cuerpo; comenzando por el pecho, de donde se expande hacia los hombros, el cuello, las mandíbulas, los pómulos, los ojos, el tercer ojo y la coronilla y lentamente se devuelve hacia el cuello, bajando por el pecho, el estómago, el vientre, el útero, la vagina, las piernas y la planta de los pies, y se queda allí, subiendo y bajando; limpiando cada rincón, donde hubiera dolor, molestia o simplemente energía atorada.

Una vez armonizadas, vamos a dirigir la energía hacia la planta de nuestros pies, sintiendo la perfección de nuestro cuerpo, sus órganos, sus moléculas, sus átomos, sus células, todo funciona perfecto y armónico, moviéndose por las leyes del universo, como es arriba es abajo, todo es causa y efecto. Ahora vamos a sentir cómo la energía acumulada en la planta de los pies, va tomando forma de pequeñas raíces, húmedas, ligeras, livianas, que se van adentrando en la tierra húmeda y fértil de Gaia, nuestra Madre.

Vamos a sentir, cómo estas raíces van bajando y trepando como una enredadera hacia abajo, entre medio de las piedras, los cristales, las napas y todo cuanto atraviese para llegar al centro, al corazón de la Madre Tierra. En la medida que van descendiendo, vamos a comenzar a sentir ese calor que irradia el centro de la tierra, el mismo corazón energético de Gaia y vamos a sentir cómo ese calor nos envuelve, nos abraza, nos otorga todo el calor necesario que requiere nuestro cuerpo para su preciado equilibrio y sanación; y nos vamos a quedar allí absorbiendo por esas pequeñas raíces toda la energía necesaria para nuestro cuerpo, sintiendo principalmente si ese calor tiene que ser direccionado a algún lugar determinado de nuestro ser, ya sea físico, mental o emocional.

Si tengo alguna dolencia en el cuerpo, dirijo ese calor a ese órgano, dejando que todos los rayos de energía, lo envuelvan y lo compenetren; si tengo una afección emocional, dejo que ese calor alivie mi pena, mi angustia, mi rabia, mi dolor, subsanando y convirtiendo toda esa sensación en paz y armonía; si tengo algún conflicto mental, exceso de preocupación, miedo, temor, resistencia en algún proceso, dejo que ese calor me envuelva y me haga soltar todo lo dañino.

Si siento que mi desarmonía es a nivel espiritual, centro mi atención en el corazón, respiro profundo, comprendiendo que cuando lo hago, mi aura se expande e irradia mayor luz, pongo mi atención en mi ser interior y pido a mi Maestra que de ahora en adelante, guíe mis pasos.

Me quedo en esa sensación, gratificando todo mi ser con su energía sanadora. Dejo que la Madre me contenga, me nutra, me renueve… sintiendo cómo me cobija suavemente en toda su dulzura! Dejo que esa energía tibia recorra todo mi cuerpo, mi ser, mi esencia y se acomode dónde más necesita ser recibida.

Respiro profundo y lento, poniendo nuevamente atención en mis raíces y siento cómo éstas comienzan a replegarse, dejando sólo la energía sanadora palpitando dentro de mi cuerpo. Respiro profundo y me quedo ahí, sólo sintiendo la tibieza de mi cuerpo.

Namasté - que disfruten.

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